Entre Cuerda
Blaise Pascal decía que el ser humano es una “caña pensante”.
Con esa imagen sencilla y poderosa nos recordaba lo que somos: seres frágiles, diminutos frente a la inmensidad del universo, pero dotados de una mente capaz de imaginar, crear y transformar el mundo.
En cada uno de nosotros habita tanto lo bueno como lo malo; aunque puede inclinarse una más que el otro, pero nunca de forma total. No somos una fórmula exacta ni una pizarra en blanco: nos movemos entre matices, entre errores y aciertos, entre lo que sentimos y lo que razonamos.
No somos seres simples ni perfectos, sino una entrañable complejidad de contradicciones que nos hace profundamente humanos. Caminamos entre luces y sombras, intentando comprendernos mientras cambiamos.
Y, pese a nuestra fragilidad, la humanidad ha sobrevivido y persistido a lo largo de los milenios, enfrentando innumerables desafíos y demostrando una resiliencia admirable.
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